Entrevistamos a Oscar Albarrán, Director de Headquartres, Hotels & Retail en BOD Arquitectura e Ingeniería

Óscar Albarrán: “el teletrabajo modificará el uso de las oficinas, serán más necesarios espacios destinados a reuniones y habrá que volver a compartimentar, pero sin barreras físicas”.

La crisis sanitaria del coronavirus y los cambios sociales que traerá la “nueva normalidad” van a incidir de manera muy importante en la organización y distribución de los edificios destinados como espacios corporativos. Así lo asegura Óscar Albarrán, Director de Headquarters, Hotels & Retail de BOD Arquitectura e Ingeniería, quien a lo largo de esta entrevista desgrana las que, a su juicio, serán las tendencias arquitectónicas que veremos imponerse en las oficias tras la pandemia.

 

P: ¿De qué forma va a afectar la crisis del coronavirus a la concepción de los espacios de trabajo?

R: Algo importante es que esta crisis no solo influye en la organización de los espacios de trabajo, lo hace de manera muy notoria en la propia organización del trabajo por parte de las empresas, para favorecer además esas medidas físicas o técnicas de las que se van a hablar. La organización de horarios de entrada y salida con franjas, turnos de trabajo, implicación de los departamentos de RRHH, comunicación con los trabajadores o protocolos de actuación son medidas que no afectan a la definición de los espacios pero que deben permitir las actuaciones que se hagan sobre ellos. Esta enfermedad, la transmiten las personas, no los edificios, por lo que la gestión que las empresas hagan del estado de salud de sus empleados podrá minimizar llevar a los edificios el foco del contagio.

 

P: Muchas empresas alojan su actividad en oficinas de alquiler. ¿Qué implicaciones puede tener esta circunstancia a la hora de implementar esas medidas de protección?

R: Efectivamente, hay una realidad en el parque de oficinas de cualquier ciudad del mundo, que está configurado en muchos casos por propietarios de oficinas e inquilinos de estas. Esto implica que muchas de las actuaciones a poner en funcionamiento dependen de la relación entre los dos, pues las instalaciones generales de los edificios y las zonas comunes son gestionadas por el propietario del edificio. Esto genera necesidades de acuerdo entre estos e incluso entre distintos inquilinos que compartan parte de los edificios. Este es otro de los retos a los que nos enfrentamos.

En cualquier caso, somos conscientes de que hay dos realidades que merece la pena diferenciar: la primera, en el estado actual, incluye actuaciones inmediatas, encaminadas a la vuelta al trabajo en una situación de desconfinamiento gradual, bastantes restrictivas de cara a la ocupación de las oficinas. Y la segunda supone  unas medidas a más largo plazo, que son las de calado real y que son las que realmente van a incidir en nuestros diseños y en la manera de ocupar las oficinas a futuro.

 

P: ¿Cómo cree que serán esas nuevas oficinas?

R: La crisis sanitaria del coronavirus ha traído consigo una serie de cambios de calado social que van a redundar de manera importante en los espacios de trabajo. Pese a que el teletrabajo “ha llegado para quedarse”, la recomendación de mantener un distanciamiento entre personas va a obligar a repensar los espacios en las oficinas, puesto que es uno de los lugares donde más tiempo pasamos y más contacto social tenemos. En cualquier caso, pensamos que la tendencia no va a ir por el camino de reducir el tamaño de las oficinas, sino a transformar los espacios de trabajo.

 

P: ¿Cómo será esa transformación de los espacios de trabajo?

R: Ahora sí parece que va a cambiar el uso de las oficinas. Habrá empleados que trabajarán en remoto y otros, por la naturaleza de sus tareas, deberán seguir acudiendo a sus centros de trabajo. Esto sí implica una reducción de puestos de trabajo y por lo tanto de espacio en la oficina. En el otro lado de la ecuación, los espacios en la oficina se irán transformado poco a poco, más como centros de comunicación y sociabilización, donde algunos empleados acudirán tan solo en momentos puntuales para encontrarse con otras personas. Esto generará un mayor consumo de espacio, con más necesidad de salas de reuniones, espacios de relax, ampliación de superficies en comedores u oficios.

 

P: ¿Será necesario también introducir cambios o recomendaciones en los espacios de quienes trabajen desde casa?

R: Efectivamente, la “oficina del teletrabajo” es otro de los ámbitos de actuación. Hay que tener en cuenta que el espacio del trabajo en el domicilio del trabajador debe ser una extensión del entorno laboral de la empresa. En este tema pensamos que no se ha incidido demasiado y, sin embargo, hay una componente de implicación de la empresa en este ámbito para dotar al trabajador de las medidas necesarias para que ese puesto de trabajo cumpla como mínimo con las necesidades de ergonomía y conectividad para poder llevar a cabo la actividad sin cambios significativos en la productividad.

 

P: ¿Cree que diremos adiós a la actual configuración de oficinas abiertas?

R: Las tendencias de los últimos años han girado en torno a las oficinas en forma de “playa”, en las que todos los trabajadores compartían un mismo espacio en contraposición de oficinas mucho más compartimentadas con un elevado número de despachos.  Tampoco creemos que haya verdades absolutas y el ir dando bandazos de un sistema a otro por tomar decisiones en caliente no parece acertado. Parece que la oficina abierta es un modelo funcional con la organización de trabajo actual de muchas empresas y ha funcionado de manera razonable, aunque también ha generado la aparición de espacios adicionales para poder compatibilizar otras tareas, como más salas de reuniones o espacios cerrados para llamadas telefónicas.

P: ¿Quedará entonces algo relegada la tendencia tan actual de mantener en las oficinas puestos sin asignación?

 

R: Aunque en algunos foros, y para facilitar la asistencia parcial a las oficinas se defiende el uso de este tipo de puestos sin asignación, parece que las tendencias de puestos de trabajo flexibles, tipo hot desking, deben ser evitados para que los usuarios solo manejen un equipo en un puesto y minimizar así contagios por contacto. Esto parece que deriva en una vuelta a la compartimentación de espacios que debemos afrontar desde el diseño, siendo compatibles con un espacio relativamente diáfano y sin comprometer las instalaciones de climatización. No podemos hacer estas compartimentaciones igual que hace 20 años, más con las posibilidades técnicas de las que disponemos en la actualidad.

 

P: Y desde el punto de vista técnico, ¿qué cambios cabe esperar?

R: Hemos tocado aspectos organizativos y físicos, y no podemos dejar de lado los técnicos. El tratamiento del aire que se haga en nuestras oficinas deberá mejorar las condiciones que permitan expulsar de la manera más efectiva los posibles agentes infecciosos que puedan existir en el ambiente, complementando las tareas de higiene de superficies. A partir de ahora, una de las claves en las oficinas será la limpieza y la calidad del aire. Los sistemas de climatización deberán conseguir una mayor fluidez del aire y sería deseable que los edificios tuvieran mayor conexión con el exterior. Sin embargo, estos cambios serán más complicados de implementar porque existen parámetros normativos o calidades de aire exterior en algunos casos que lo dificultan.  

 

P: ¿Qué papel va a jugar la tecnología de los edificios en esta nueva época?

R: El control de las instalaciones del edificio, aunque ya lo era, va a ser ahora todavía más relevante para poder controlar los parámetros necesarios que minimicen la transmisión de estos elementos. En BOD, junto con Sistrol, nuestra compañera de grupo en desarrollo de BMS, llevamos ya tiempo trabajando con sistemas que recogen la máxima cantidad de datos y permiten mediante el uso de IA hacer predicciones para anticipar posibles problemas. En esta línea de actuación pensamos que cobran especial importancia las certificaciones de calidad ambiental de tipo dinámicas. Un ejemplo de esto es la certificación RESET, una de las primeras certificaciones mundiales basada en sensores que miden temperatura, humedad, CO2, TVOC y partículas, todo ello en un proceso continuo, alojado en una nube que garantiza en cada momento el cumplimiento de unos parámetros. La incorporación en los edificios de pantallas donde los inquilinos puedan disponer de toda esta información de forma actualizada contribuirá a la sensación de los usuarios de que se encuentran en un ámbito seguro.

 

P: ¿Qué va a suceder con los espacios de tránsito de los edificios?

R: Este es otro de los puntos en el que la relación entre el propietario del edificio y los inquilinos se pone más de manifiesto. El momento de acceder a los edificios será, sin duda, otro de los aspectos que sufrirá modificaciones. En este sentido, y aunque los espacios se mantengan sin alteraciones de calado, va a ser importante establecer barreras físicas que permitan adaptarse a la realidad. Asimismo, será necesario establecer turnos de acceso, tanto a los aparcamientos como a los propios centros de trabajo, para evitar las aglomeraciones de personas, y los usuarios invitados tendrán que disponer de algún tipo de certificado digital que les permita acceder, que posiblemente esté asociados a apps móviles.